El entrenamiento de fuerza se ha basado en la mejora del músculo, de su contracción y su arquitectura, pero como señalan Schöllhorn, Mayer-Kress, Newell y Michelbrink. (2009), se han dejado de lado las escalas temporales de aprendizaje motriz y al fin y al cabo tanto la técnica como la fuerza buscan los mismos objetivos, la mejora de los procesos neuromusculares para generar movimiento, de esta manera, según Pol (2013), “lo óptimo es entrenar tanto fuerza como técnica de forma conjunta y no de manera independiente”
Teniendo en cuenta que el objetivo del entrenamiento de fuerza en el fútbol es conseguir los mejores niveles de la misma para que el jugador pueda rendir de forma óptima en el campo, la fuerza ha de estar ligada a la técnica. Si un jugador posee unos niveles de fuerza máxima muy altos ¿realmente le sirven para realizar un regate o para ganar un salto de cabeza u otra acción propia del fútbol? Este tipo de acciones son las que nos interesan mejorar por lo que habrá que entrenar la fuerza en base a su posterior mejora.
De esta manera, no solo se deberá tener en cuenta la velocidad con la que se realiza la acción o la resistencia a vencer, sino que habrá que tener en cuenta otros factores como pueden ser el estado emocional, la fatiga del jugador, como señalan Jäger, Alichmann y Schöllhorn (2003) y sobre todo la interacción de éste, con la situación a la que se va a enfrentar en un partido, tal y como indican, Davids, Button y Bennet (2008). Estos esfuerzos son los que verdaderamente influyen en las acciones del jugador en el partido por lo que la relevancia del entrenamiento de la fuerza explosiva (incremento de fuerza por unidad de tiempo) en el fútbol, es esencial para conseguir un rendimiento óptimo de los jugadores.
En este entrenamiento de la fuerza también hay que tener en cuenta otros factores como pueden ser el tipo de fibras que tienen los futbolistas. En ellos el porcentaje de fibras rápidas alcanza una media del 60% según Cometti (1999), por lo que si tenemos en cuenta factores como el reclutamiento de las fibras musculares, obtenemos que los esfuerzos de mayor intensidad o que requieren mayor aplicación de fuerza en menos tiempo, reclutan más fibras musculares, por lo que se planificará la preparación física de la temporada en torno a ello.
Según Lago (2002), se puede concluir que “el entrenamiento de la fuerza en el fútbol se debe realizar eficazmente reproduciendo, con oportunos métodos de entrenamiento, el ciclo de trabajo muscular específico del futbolista”.
Este trabajo muscular específico del futbolista, también denominado en el ámbito de la fuerza como fuerza útil, últimamente está empezando a cobrar gran relevancia en muchos deportes y también en el fútbol. La fuerza útil hace referencia a la fuerza aplicada en gestos específicos de competición, por lo que el entrenamiento de esta fuerza específica se hace imprescindible en el fútbol. Según Lago (2002), la clasificación de la fuerza específica en el fútbol se puede realizar de la siguiente manera: fuerza de salto, fuerza de desplazamiento, fuerza de golpeo y fuerza de lucha.
La fuerza de salto se da sobre todo en acciones de remates de cabeza ya sean ofensivas como defensivas. La fuerza de desplazamiento se da constantemente ya sea para desplazarse el jugador en forma de desmarque, desdoblamientos, movimientos defensivos… el jugador siempre está en constante movimiento y como se ha mencionado antes, los sprints son cortos por lo que las aceleraciones y desaceleraciones en el fútbol son trascendentales, como indican Castillo, Fernández-García, Chinchilla-Minguet y Carnero (2012). La fuerza de golpeo, está presente en acciones de desplazamientos largos de balón, despejes y lanzamientos a portería. Y la fuerza de lucha en todo tipo de contactos con el adversario, cargas, entradas, anticipaciones etc.
En definitiva, el trabajo de fuerza en el fútbol está orientado a acciones explosivas, por lo que el entrenamiento de la fuerza explosiva es esencial en este deporte, al igual que el entrenamiento de la fuerza específica que propone Lago (2002). Eso sí, aunque estas sean los tipos de fuerza predominantes en el fútbol no quiere decir que en ocasiones a lo largo de la temporada se trabajen otras manifestaciones de la misma como son la fuerza resistencia o fuerza máxima, aunque ésta última no va a ser fuerza máxima como tal ya que la planificación está destinada a un equipo cadete, serán sesiones introductorias al entrenamiento de este tipo de fuerza para su posterior desarrollo en un futuro. Según Roca (2008), “podría parecer algo contradictorio trabajar la fuerza general en un modelo de planificación integral pero la experiencia nos señala que la fuerza, es la capacidad fundamental del proceso de la programación en los deportes de equipo, y que la inclusión de entrenamientos de este tipo, tienen una incidencia positiva tanto a nivel de prevención de lesiones como en la mejora de parámetros de fuerza rápida”.
Además, estudios como el de Frazilli, de Arruda, Mariano, y Bolaños (2010), revelan que el entrenamiento de fuerza máxima en jugadores de categoría cadete no se relaciona con un incremento de la fuerza explosiva, por lo que la transferencia de la fuerza máxima a las situaciones de juego es muy escasa en estas edades de formación.
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